Albano Boj | Pinturas
noviembre 21, 2009

“Visión absolutamente alucinante y llena de un impreciso terror, casi de pesadilla, en el que se mezcla algo de ridículo y la tremenda interrogación de su sentido. (…) La aparente seriedad de la escena contrasta con la fragilidad evidente de su soporte físico. Quizás se nos diga como todas las actitudes humanas, y las mas reflexivas conductas, están apoyadas en la perpetua inseguridad de nuestra propia y frágil condición de humanos.” Se dijo de una de las estampas de los Caprichos de Goya, descripción que se corresponde con esta búsqueda, que lejos de aquellos años, hoy es muestra de cómo las inquietudes trascienden las épocas, para demostrarnos que el universo cargado de insólito simbolismo, que la encarnación del instinto, los paisajes desolados y las vagas y oníricas formas animadas, son inherentes al ser humano de todos los tiempos.
En estas pinturas, hombres monstruosos o tiernos que se desvanecen en un paisaje más calmo e idílico que sus grotescas alucinaciones, protagonizan el misterio de mundos privados que son testigos del encuentro entre algo bello y lo temible de la perversión y el vacío.